PARA COPIARTE MEJOR

Obra de arquitectura y Derecho de Autor

Estaba casi convencido, que la permanente creatividad, era el único antídoto apto para combatir la copia, el plagio y el abuso a que nos someten quienes por falta de talento y de escrúpulos, usan como propias obras e ideas ajenas.

Hoy, con más experiencia, creo que además, puede y debe utilizarse el derecho de autor, para combatir esta ilícita y mal castigada fuente de prosperidad y de despojo.

En una cuestión tan difícil, inexplorada y dolorosa, en la que está casi todo por hacerse (y escribirse), parece prudente comenzar cuanto menos con algunas certezas fundadas, que dejo sintetizadas en los párrafos siguientes:

1) No es verdad y por lo tanto es falaz, el criterio popular según el cual la obra arquitectónica se encuentra huérfana de protección legal. Solo basta leer e invocar los artículos 1 y 71 de la ley 11.723 de propiedad intelectual.

2) El derecho de autor, protege tanto el proyecto, como la obra materializada a través de su tridimensional transformación. La protección jurídica de las obras, no solo está fundamentada en el Derecho Nacional, sino también en el Extranjero y el Internacional (arts. 2 Inciso I y IV del Tratado de Berna, luego de la revisión de Berlín de 1908, ratificado por ley 25.140) de máxima jerarquía constitucional.

3) La obra de arquitectura, significa todo edificio o construcción similar en la medida en que contiene elementos originales, tales como su forma, su diseño o sus ornamentos, con independencia de la destinación misma del edificio o de la construcción similar. (Principio WA 1 del comité de expertos gubernamentales sobre obras de arquitectura. Ginebra 20 al 22 de Octubre de 1986).

4) La arquitectura de interior es perfectamente protegible por el derecho de autor, si muestra la misma originalidad exigida a las demás obras intelectuales. Lo que importa es el conjunto y no los elementos separados, que pueden ser perfectamente no protegibles.

5) La obra de ingeniería es protegible, en cuanto posea soluciones técnicas originales contenidas en el proyecto, independientemente de la forma de la obra proyectada. Asimismo, un ingeniero puede defender la originalidad de su creación, si los cálculos tienen un efecto modificador sobre la forma.

6) La obra arquitectónica o ingenieril, solo es objeto del derecho de propiedad intelectual, si es el resultado de una actividad creativa humana. Esto excluye la posibilidad de tutelar por el derecho de autor un plano o diseño arquitectónico realizado íntegramente por un dispositivo informático. Diferente es el caso del diseño asistido por computadora, que aquí se transforma en una herramienta (como la regla o el compás) para desarrollar la capacidad creativa del autor.

7) El derecho de autor no protege las ideas no expresadas. El requisito de la exteriorización puede cumplirse a través de cualquier soporte, ya sea papel, almacenamiento de datos digitales o en la propia construcción.

8) No se protege por el derecho de autor aquella obra que solo implica un resultado directo de las exigencias del Código de Edificación o la normativa urbanística aplicable. Hay que tener en cuenta, que su carácter funcional, condiciona muchos de sus elementos, lo que reduce en alguna medida la libertad creativa del arquitecto y por consiguiente sus posibilidades de originalidad. Cuanto más original sea la obra, mayor será el grado de protección e inversamente cuanto menos original, mayor tendrá que ser la porción copiada o más exacta la copia.

9) El derecho de autor no juzga la estética, pero la protege. Como se ha señalado con acierto, los jueces deben impartir justicia y no clases de Bellas Artes. Así, por ejemplo, se consideró justo, a pedido del arquitecto, ordenar desmontar las antenas parabólicas que desnaturalizaban la fachada de la construcción, cuya armonía y estética se verían perjudicadas por estos añadidos (Tribunal de Apelación de París. Sec. 8, en el caso «Vasconi c/ Regie inmobiliere de la Ville de París» del 28 de marzo de 1995.

10) Los derechos intelectuales y patrimoniales de una obra le corresponden a su autor. La diferencia radica en que mientras los derechos patrimoniales pueden ser cedidos, los intelectuales son intransmisibles e irrenunciables, por lo que serán conservados durante toda la vida y en algunos casos aún después de la muerte.

11) Las obras en colaboración otorgan protección a todos los arquitectos que contribuyeron en forma original y principal para su logro. La protección incluye a empleados dependientes que aún sin poseer derechos patrimoniales, conservan los derechos intelectuales (Corte de Apelación de Aix- en – Provence del 21 de octubre de 1965).

12) En las obras derivadas, es decir, en las obras de refección o intervención sobre la existente, debe requerirse autorización al titular de los derechos de transformación, para evitar violaciones a la integridad de la obra. El gran arquitecto valenciano Santiago Calatrava, acaba de conseguir que la Audiencia Provincial de Biskaia, haya condenado al Ayuntamiento de Bilbao a pagarle 30 mil Euros para indemnizarlo como consecuencia de la alteración sufrida por el puente Zubi-Zuri, al añadir una pasarela para facilitar el acceso a las torres Isozaki, sin su autorización.

Muy probablemente, el lector desprevenido, considerará que he escrito sobre derecho ficción y no sobre derecho realidad.

Me explico. Yo formo parte de los que creen que la realidad puede ser cambiada, con coraje, entusiasmo y conocimientos.

Espero copias.

Por Daniel Enrique Butlow

Abogado y Profesor titular honorario de arquitectura e ingeniería legal. Asesor Legal Consultor del Latin American Architects .

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