REQUIEM POR LA MUERTE DE UN VIEJO CONTRATO DE OBRA

Estamos aquí reunidos, en esta mañana fría y lluviosa, para acompañarte en tu viaje hacia la morada definitiva, donde descansarás en paz, lejos de Tribunales y de los abogados y contadores que trataban de interpretarte y forzar tus cláusulas.

Todos los aquí presentes, conocemos y recordamos tu humilde y clandestino origen –un sitio web de internet- de donde fuiste extraído, copiado, abusado y complementado con algunos retoques caseros; pero aun así, te sentíamos tan nuestro, tan querible y económico, tan adaptable, que costará mucho acostumbrarnos a tu ausencia, especialmente en aquellas reuniones de apuro, donde siempre llevábamos tu presencia y se completaban los claros a mano, con el nombre y apellido del cliente de turno y la nueva ubicación de la obra.

Eras nuestro contrato tipo; el papel mágico guardado en pendrive, que aunque con muchas sorpresas posteriores, permitía cobrar los anticipos, cubrir responsabilidades por incumplimientos –así creíamos- y evitar que se computaran los días nublados y las diferencias entre proyecto y construcción.  Nos hacía sentir seguros con los adicionales y la tan común falta de pago en plazo del comitente,  por solo remarcar algunas de tus virtudes.

También es cierto, que no eras perfecto, y que desde un Estudio Jurídico y algunos libros de Arquitectura Legal, se nos alertaba permanentemente sobre los peligros de tu uso, pero todos sabemos cómo funciona hoy por hoy el marketing estratégico y porque motivo los abogados jamás irán al cielo.

Sin embargo, hay que reconocer que lamentamos profundamente haber desatendido las advertencias…

Adicionales que nunca pudieron ser cobrados, asunción de costos que correspondían a otros contratistas, fondos de garantías y reparos que jamás pudieron ser rescatados, indemnización de accidentes a obreros que habían sido contratados directamente por el comitente y falta de actualización en los saldos deudores, son consecuencia casi directa de tus debilidades e incorrecciones que finalmente nos llevaron, primero a la cesación de pagos y ahora a la apertura de un concurso que tememos pueda terminar en quiebra.

Tampoco te perdonamos la confusión de roles en las que incurrimos gracias a tu oscuro texto. Ahora, nos damos cuenta del enorme error de firmar como constructores cuando solo éramos directores de obra, de ser representantes técnicos del comitente y de la constructora al mismo tiempo y de haber asegurado resultados, cuando solo queríamos prometer medios.

Tu muerte, nos deja como legado una pesada herencia, integrada especialmente por el juicio que nos inició el Consorcio Lafinur por incumplimientos y daños y perjuicios, donde según nos informó el abogado, hemos perdido por paliza y se han declarado nulas cuatro de tus cláusulas, que eran las únicas que nos favorecían, además de obligarnos a devolver los pagos que recibimos sin causa y que ya nos gastamos.

Como verás, no todas son buenas noticias y aun fallecido y enterrado –debido a tus copias online, sería inútil cremarte-, queremos que sepas que sigues vivo en nuestros corazones y en los Juzgados.

El futuro es incierto. Al parecer, hay un nuevo Código Civil y Comercial que obliga a tu reemplazo y esta vez  trataremos de hacer las cosas bien, pero siempre recordándote como un ejemplo, es decir, como un ejemplo de lo que no debe hacerse.

“RESQUIESCAT IN PACEM”

Por el Dr. Daniel Enrique Butlow

Abogado y Profesor Titular Honorario de Arquitectura e Ingeniera Legal.

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